¿Qué es la mielopatía cervical y cómo se trata?
Hay enfermedades que avanzan despacio, casi sin que uno se dé cuenta. La mielopatía cervical es una de ellas. Los primeros síntomas son tan sutiles — torpeza en las manos, pequeñas dificultades al caminar — que muchas personas los atribuyen al cansancio o a la edad. Y mientras tanto, la médula espinal sigue comprimiéndose.
Es uno de los diagnósticos que más me preocupa llegar tarde. No porque el tratamiento sea complicado — en manos experimentadas es una cirugía predecible con buenos resultados — sino porque cuanto más tiempo pasa sin tratarse, más difícil es recuperar la función perdida. Los nervios tienen memoria, y la compresión prolongada deja huella.
¿Qué es exactamente la mielopatía cervical?
La médula espinal pasa por dentro de las vértebras cervicales — las del cuello — a través de un canal estrecho. Cuando ese canal se comprime, ya sea por una hernia discal, por artrosis, por engrosamiento de ligamentos o por una combinación de todo ello, la médula no tiene espacio suficiente. Esa compresión es la mielopatía cervical.
A diferencia de la radiculopatía — que es la compresión de una raíz nerviosa y produce dolor en un brazo — la mielopatía afecta a la médula en sí. Eso significa que los síntomas no se limitan a un brazo: pueden afectar a los dos brazos, a las piernas, al equilibrio y a la coordinación.
Síntomas: cómo reconocerla
El problema es que los síntomas iniciales son vagos y fáciles de ignorar. Por eso hay que conocerlos:
Torpeza en las manos
Dificultad para abrocharse botones, para escribir a mano, para realizar movimientos finos. Las manos «no obedecen» como antes. Muchos pacientes lo notan primero al teclear o al coger objetos pequeños.
Dificultad para caminar
Sensación de piernas pesadas, de no levantar bien los pies, de necesitar agarrarse más de lo habitual. Riesgo de tropiezos. En fases más avanzadas, marcha inestable claramente visible.
Pérdida de equilibrio
Sensación de inestabilidad al caminar, especialmente en superficies irregulares o con los ojos cerrados. Tendencia a desviarse al caminar.
Hormigueos o entumecimiento
En los brazos, las manos o las piernas. Puede ser constante o aparecer con ciertos movimientos del cuello.
Dolor cervical
No siempre está presente, y cuando aparece no suele ser el síntoma más llamativo. Esto confunde a los pacientes, que esperan que una enfermedad de cuello duela en el cuello.
«Lo que más me alarma en consulta no es el dolor cervical — eso lo veo venir. Lo que me preocupa es cuando alguien dice que se le caen las cosas de las manos, que ya no puede escribir bien, que tropieza más. Esos son los síntomas de mielopatía que no hay que dejar pasar.»
¿Por qué es importante diagnosticarla a tiempo?
La mielopatía cervical tiene una característica importante: tiende a progresar. No siempre, y no siempre rápido, pero en la mayoría de los casos la compresión no mejora sola. Y cada mes que pasa con la médula comprimida es un mes más de daño neurológico acumulado.
La buena noticia es que si se trata antes de que el daño sea severo, los resultados de la cirugía son muy buenos — la mayoría de pacientes mejoran significativamente y detienen la progresión. Pero si se espera demasiado, parte del daño puede ser irreversible.
¿Cómo se diagnostica?
La resonancia magnética cervical es la prueba fundamental. Permite ver con claridad si hay compresión medular, en qué nivel y qué la está causando. En algunos casos se complementa con una tomografía computarizada para valorar mejor los componentes óseos.
La exploración neurológica también es clave — hay signos clínicos muy específicos de mielopatía que un neurocirujano experimentado puede detectar en la consulta.
¿Cómo se trata la mielopatía cervical?
El tratamiento de elección cuando hay compresión medular significativa es la cirugía. El objetivo es descomprimir la médula — darle espacio — antes de que el daño sea mayor.
Hay diferentes abordajes según la causa y el número de niveles afectados:
Abordaje anterior — artrodesis o artroplastia cervical
Es el más frecuente cuando la compresión es en uno o dos niveles. Se accede por la parte delantera del cuello, se retira el disco que comprime y se coloca una prótesis o injerto. Es una cirugía bien establecida con excelentes resultados.
Abordaje posterior — laminectomía o laminoplastia
Cuando la compresión es en varios niveles o viene de atrás, se opera por la parte posterior del cuello para ampliar el canal medular.
En ambos casos, la cirugía detiene la progresión y en la mayoría de los pacientes produce una mejoría significativa de los síntomas. La recuperación suele ser más rápida de lo que los pacientes esperan.
¿Y si no opero?
En casos muy leves y sin progresión, a veces se puede hacer seguimiento. Pero hay que ser honesto: la mielopatía cervical sintomática que se deja sin tratar tiende a empeorar. El tratamiento conservador — fisioterapia, antiinflamatorios — no descomprime la médula. Puede aliviar síntomas secundarios, pero no resuelve el problema de fondo.
Si alguien llega a mi consulta con mielopatía confirmada en resonancia y síntomas neurológicos claros, mi recomendación es operar. No porque la cirugía sea la respuesta a todo, sino porque en este caso el riesgo de esperar supera claramente al riesgo de operar.
Lo que le digo a mis pacientes
Cuando alguien llega con una resonancia que muestra compresión medular, la primera conversación es importante. Explico qué está pasando, por qué los síntomas son los que son y qué pasaría si no se hace nada. Luego explico la cirugía — cómo es, qué esperar, cuánto dura la recuperación.
La decisión siempre es del paciente. Pero con la información correcta, la mayoría decide operar. Y la mayoría sale agradecida de haberlo hecho a tiempo.
Si tienes torpeza en las manos, dificultad para caminar o sensación de inestabilidad, no lo dejes para después. Merece la pena que alguien lo valore.
— Dra. Vera Espino García
Neurocirujana · Instituto de Neurocirugía Avanzada
Hospital Recoletas Campo Grande · Valladolid
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